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Dolores Jiménez y Muro

1848-1925


¡La antorcha de la Revolución!

Una de las iniciativas más valiosas de este gobierno la encausan 19 Mujeres Mexicanas que a través de sus acciones ayudaron a gestar importantes acontecimientos de transcendencia política y social. Mujeres que destacan por sus virtudes y principios encausados en momentos difíciles, con decisiones cruciales y en escenarios peligrosos. Todas ellas, y muchas más, pusieron en tela de juicio la estabilidad de sus familias y su propia vida.

La esencia de vida de estas 19 mujeres ha sido una labor de recopilación y difusión que, la Dirección General de Cultura Democrática y Fomento Cívico, ha llevado a cabo con el fin de brindar reconocimiento y honor como: Mexicanas Forjadoras de la Patria.

Con un repertorio de contenidos impresos y digitales; pinturas y estatuas; en acompañamiento con entidades de la Administración Pública Federal y gobiernos estatales, se ha dado homenaje a esas grandes mujeres y se ha fortalecido la memoria histórica de mexicanas y mexicanos.

Para esta ocasión trajimos la historia de vida de Dolores Jiménez y Muro. Una forjadora que desde sus inicios de vida y hasta su muerte se rodeó de conocimiento, actúo con valentía y forjó un carácter capaz de hacer valer las aspiraciones del pueblo de México, una intelectual revolucionaria.

 

 

Comencemos…


“No existe otra influencia para mí que la de mi criterio y la de mi conciencia…”

Se repetía Dolores frente a cualquier situación que pusiera en tela de juicio su lealtad y honestidad.

Dolores Jiménez y Muro forjó su vida y su carácter en épocas de gran turbulencia política y social en México: la caída del gobierno de Porfirio Díaz y el inicio de una revolución. Ella nació en Aguascalientes, fue educada y formada desde niña, dentro de los círculos de la clase media y eso le permitió estudiar y desarrollarse en lo que más le apasionaba: la lectura y la escritura.

Sus primeros pasos fueron el verso y la prosa. Dolores escribió poemas sobre la vida cotidiana y sobre los grandes momentos políticos del país. Ella era una joven entusiasta de la vida política; su padre era un funcionario de gobierno y su madre era adepta a clubes de sociedad donde se hablaba de política y otros temas, por lo que todo eso no le era ajeno.

De los poemas que escribía, algunos de sus versos eran tan buenos que llamaron la atención del político potosino Benigno Arriaga, quien en 1874 le extendió la invitación para que fuera parte de la celebración de la fiesta por la Independencia. Ella aceptó sin dudarlo, y pronunció uno de sus poemas que hablaba sobre las aspiraciones de convertir a México en un país con mejores condiciones para vivir. Con esa presentación y sin esperarlo, iniciaba su carrera como escritora, sus poemas obtuvieron tanta fama que comenzaron a publicarse en diversos periódicos.

Al paso de los años, Dolores Jiménez y Muro perfeccionó su formación como escritora, colocándose en el ojo público de personajes como Benigno Arriaga y de los mismos liberales, que a tan corta edad la consideraban una liberal de corte juarista por sus pensamientos; generosidad y humanidad; una amante del arte y la literatura.

Tras perder a sus padres, Dolores retomó las acciones filantrópicas que ellos realizaban; con el tiempo y tras ser testigo de los atropellos y explotación de la clase trabajadora, generó un sentido de conciencia que despertó en ella las ganas de mejorar la forma de vivir de los sectores más pobres…

“…Después de la muerte de mis padres, comencé abandonando un poco mi sociedad habitual, [iba] a visitar los cuchitriles de los miserables para llevarles como miembro de una sociedad filantrópica un poco de pan y algún consuelo; y como todo se los daba con amor, veían en mí a una amiga, y me hicieron infinidad de veces sus tristes confidencias, cadena desgarradora de miserias, de humillaciones y de injusticias, la cual puede sintetizarse en estas palabras: usurpación, despojo, abuso; porque el trabajo no estaba retribuido debidamente; porque se les hacían pagar muy caras sus miserables viviendas; de modo que a los propietarios de ellas redituaban el, el 5 y hasta 6%, mientras que las destinadas a las otras clases redituaban cuando mucho el 2%; y como si esto no fuera bastante se les exigía un humillante servilismo…”

Dolores, con deseos de cambio y de mitigar las desigualdades sociales, se instruyó en la carrera de periodismo; y como propagandista se dedicó a escribir sobre los abusos de poder del presidente Díaz. Tantas eran las críticas al gobierno que este inició la persecución política de nuestra forjadora hasta finalmente su arresto y encarcelamiento en San Luis Potosí.

Sin embargo, su tiempo en la cárcel no la detuvo, ahí conoció a otras mujeres que habían sido recluidas por divulgar sus ideales y defenderlos, así que Dolores continuó escribiendo cartas desde la cárcel y siempre estuvo pendiente de lo que acontecía afuera para seguir en la lucha de lograr la igualdad social y política.

Al poco tiempo, Dolores Jiménez y Muro fue puesta en libertad y se mudó a la Ciudad de México, por la represión política iniciada en contra suya y de otros liberales, así como de los clubes liberales, entre 1901 y 1902. Ya instalada en la Ciudad, se integró al Partido Liberal, y como periodista para el Diario del Hogar dirigido por Filomeno Mata, un político y periodista de corte liberal que en muchas ocasiones criticó al gobierno de Porfirio y que también había sido encarcelado. Ahí mismo, se reencontró con compañeras de lucha: Juana Belén Gutiérrez y Elisa Acuña Rosete. A quienes invitó a unirse al partido; comenzando a hacer trabajo político clandestino, cambiándose de nombres y usando direcciones postales ficticias para no ser descubiertas por ser propagandistas liberales y críticas del gobierno.

Para 1910, Dolores Jiménez y Muro era ya una mujer madura y su perfil como periodista era mucho más reconocido. Su popularidad creció por su audacia y su influencia periodística en la vida pública del país. Tanta era su fama que sus textos llegaron a oídos del mismísimo Francisco I. Madero, quien sin dudarlo la incitó a unirse a su movimiento. Dolores sin duda aceptó, pues siendo una mujer de pensamientos e ideas liberales, veía en los estatutos de la revolución el fin de una época de explotación.

Dolores hizo su participación política redactando el documento del 18 de marzo (Plan de Tacubaya), para revelar todas las aspiraciones sociales y políticas del pueblo de México, y manifestó las omisiones, fraudes y presiones que violaban las garantías constitucionales.

La “reivindicación de los derechos políticos y la igualdad social femenina en cuanto a salarios, educación para mujeres y licencias de maternidad”, fueron sus principales demandas. Sin dejar de lado, el motivo principal de la revolución: “la restitución de tierras para los campesinos; la protección de los indígenas y el reconocimiento como Presidente y Jefe Supremo de la Revolución a Francisco I. Madero”.

A partir de este documento, Dolores se convirtió en un personaje clave y respetado de la Revolución Mexicana. Ella, junto con Francisco I. Madero, habían retomado la relevancia de los derechos sociales y económicos de los grupos menos favorecidos, como el de las mujeres. Un hecho que marcó el camino de México en el desarrollo de su democracia.

De igual manera, en 1910, Dolores fundó el Club Femenil Antirreeleccionista: “Las Hijas de Cuauhtémoc”; que estaba integrado por mujeres y su fin era lograr la reivindicación de sus derechos políticos y sociales, y ser un respaldo de la lucha democrática de Francisco I. Madero; y en septiembre “Las Hijas de Cuauhtémoc” salieron a las calles y realizaron su primera manifestación, acusando de fraudulentas las elecciones nacionales bajo la consigna…

“Es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar…”

Jiménez y Muro fue líder de las voces vulneradas; su talento, claridad de pensamientos y análisis político, así como su habilidad para formular planes y estrategias políticas, la llevaron a organizar clubes para escribir sobre las injusticias y luego, a convocar a lo que sería la primera manifestación femenina por la democracia mexicana.

Al poco tiempo de sumarse a la Revolución Mexicana, escribió: “Desde entonces comprendí que la revolución actual no estaba lejos, porque ideas germinaban por todas partes. Poco después vine a México, donde vi que millares de ciudadanos iban a inscribirse en los clubs políticos, de donde debería surgir la revolución, como fue”.

Continuando en la lucha y como propagandista, Dolores nuevamente es encarcelada por órdenes de Victoriano Huerta. y después de que fue liberada, se incorporó a las fuerzas zapatistas, invitada de manera expresa por el mismo Emiliano Zapata, a quien ayudó a elaborar el prólogo del Plan de Ayala.

Durante el movimiento revolucionario, Dolores se dedicó a organizar núcleos y clubes de revolucionarios antirreeleccionistas al sur de la Ciudad de México, con ellos proclamó, el 18 de marzo de 1911, un plan que enunciaba los principios de justicia social y recogía todas las demandas de las clases populares derivadas del abuso y autoritarismo del gobierno de Porfirio Díaz, y tras las omisiones y fraudes que surgieron a partir de las primeras elecciones democráticas, este plan aparece como un manifiesto, una protesta a la represión y suspensión de las garantías, mejor conocido como: Plan de Tacubaya.

“…Considerando que la situación que pesa sobre los mexicanos es verdaderamente aflictiva, debido a los gobernantes que hoy suspenden las garantías individuales, sólo para derramar a torrentes la sangre de los mexicanos dignos, no bastándoles para sofocar el actual movimiento revolucionario, a que han dado lugar con sus incesantes abusos, haber suprimido la prensa independiente, cerrado clubes, prohibido toda manifestación reveladora de la opinión pública y llenando las cárceles, sin respetar ni a las mujeres, de ciudadanos enemigos de la tiranía…”

Mediante la proclamación de ese plan, su relación con Zapata se volvió más cercana. Dolores fue una persona de confianza para él, por lo que le dio la encomienda de ser propagandista, informante y espía e incluso, Dolores llegó a ser una contrabandista de armas y dinero para la revolución.

Sin duda Dolores Jiménez y Muro había demostrado valor y entrega durante toda su vida. Sus últimos años de vida los dedicó a la lucha por recuperar lo que se había arrebatado a los indígenas y a la población más segregada, a los pobres y a las mujeres, sobre todo.

Siendo una anciana, todavía fue perseguida y encarcelada por Victoriano Huerta, que le dio un trato específico con violencia durante su tiempo en las celdas. Dolores soportó y no se rindió hasta que obtuvo su libertad y continuó con su labor informativa; ayudó a mejorar la educación del ejército popular al interior de los campamentos revolucionarios, convirtiéndose en una maestra rural en las comunidades zapatistas. En sus últimos días colaboró con misiones culturales con la Secretaría de Educación Pública hasta su muerte el 15 de octubre de 1925, en la Ciudad de México.

Reconocida por el periódico Tierra y Justicia, que le dedicaron unas palabras por la amistad y su valor en el periodismo revolucionario: “…A la viril escritora de combate, vieja amiga y compañera nuestra en la lucha por la emancipación de los oprimidos; cuya pluma siempre ha combatido a todas las oligarquías, Srita. Dolores Jiménez y Muro. Le da las más cumplidas gracias por su “Proemio” al Plan de Ayala, que aparece en este folleto…”

Recordaremos a Dolores Jiménez y Muro siempre como una forjadora intachable, una revolucionaria intelectual que fue portavoz de generaciones en las luchas sociales; una difusora de ideas y causas zapatistas que con valor y dignidad formó una conciencia y una autonomía de decisión íntegra.

La honraremos como una mujer estratega y dirigente, con una diversidad de propuestas y protestas para defender la democracia y los procesos para alcanzarla. Como una de las primeras mujeres en declarar la necesidad del reconocimiento de los derechos y obligaciones de sus compatriotas mujeres, enfatizando que su vida no estaba atada a un hogar.

Una profesional de la lucha revolucionaria, capaz y abierta al debate con sus compañeros de lucha y con sus enemigos.

Dolores Jiménez y Muro es y será una mujer parte de la conciencia colectiva mexicana.

La participación de Dolores en el acontecer social y político ayudó a construir el México democrático de hoy, pues sus hazañas abrieron el camino para lograr el movimiento sufragista femenino y la participación en los cargos de elección popular a las mujeres mexicanas. Dolores es una destacable Forjadora de la Patria por su capacidad intelectual y habilidad literaria; una mujer adelantada a su época por su capacidad y fortaleza de encausar las demandas de una lucha a través de la escritura, y por ganarse el respeto de los políticos y generales más destacados de la Revolución Mexicana.